Hoy resuena en el Evangelio el relato de cómo Cristo se acercó a las puertas de la ciudad de Naín, donde llevaban a enterrar a un joven, el único hijo de una viuda. El Señor vio sus lágrimas, se compadeció y le dijo: no llores. Tocó el féretro, y el hijo volvió vivo a su madre. En este día recordamos a santa Zlata de Moglena, una muchacha muy joven que se mantuvo firme en la fe y aceptó el martirio en 1795. Su breve vida fue un testimonio silencioso pero luminoso de Cristo, y la Iglesia la venera como gran mártir. Que el Señor nos conceda también a nosotros una serena fortaleza en las pruebas y lágrimas que Él advierte. La bendición de Dios sea con ustedes y con sus seres queridos en este día.
