Hoy el Señor nos dice en el Evangelio que el hombre bueno saca el bien del buen tesoro de su corazón, y el malo, del malo, saca el mal. Y nos recuerda también que la casa edificada sobre roca resistirá la inundación, mientras que la construida sin cimiento se derrumbará. Estas palabras no hablan de las obras externas, sino de lo que llevamos dentro, de aquello con lo que vivimos cada día. Santa Fortunata, virgen y mártir, vivió en Cesarea de Palestina y padeció hacia el año 303. Era muy joven, pero su corazón ya era aquel buen tesoro del que brotaba el bien: la fidelidad a Cristo hasta la muerte. Poco sabemos de su vida, pero su propio martirio nos dice que la santidad no depende de la edad ni de las circunstancias, sino únicamente del amor que la persona guarda en lo profundo del alma. Os deseo hoy que vuestro corazón sea esa roca sobre la que se edifica todo lo demás. Que el Señor os fortalezca en las buenas obras y os conceda una alegría serena, y que la bendición de Dios permanezca con vosotros y con vuestros seres queridos.
